Lic. Luciana C. Fernández
¿De qué hablamos cuando hablamos de “FRACASO ESCOLAR”?
(Lic. Luciana C. Fernández – Cs. de la Educación)
Fracasar: frustrarse una pretensión o proyecto, tener un resultado adverso (…). (www.definicion.org/diccionario/130)
Si pensamos al “Fracaso Escolar” desde aquí, es claro que hay algo esperado que no se pudo alcanzar, no se logró, no se consiguió.
Muchos dirán: el alumno (generalmente un niño/a, pero algunas veces también un adulto) no aprobó un examen, no estudió como correspondía, no se comprometió con la tarea; o también: el profesor no enseñó lo suficiente, no explicó bien el tema, el examen fue muy difícil… y podemos seguir agregando muchas sensaciones semejantes…
Sin embargo, esta línea de pensamiento nos permite analizar solo una parte del problema. Aún cuando pensemos la situación tomando en cuenta a quien aprende y a quien enseña en interacción, estaremos dejando de lado otras variables que inciden en el proceso; los aspectos biológicos, sociales, culturales, institucionales, psicológicos, pedagógicos, didácticos…
Por eso, es necesario analizar el proceso de enseñanza - aprendizaje desde un marco que contemple, articule e integre las múltiples variables que interjuegan allí. Así estaremos dando importancia a las condiciones que afectan al desarrollo personal de los sujetos (grandes y chicos), dejando de lado el establecimiento de categorías entre las personas según su “éxito” o “fracaso”.
Pensando desde este nuevo lugar, el “Fracaso Escolar” es una situación. No es algo que le sucede al alumno/a o al profesor, no es responsabilidad de uno u otro; es parte de un proceso donde intervienen muchas variables, es algo que puede suceder… que se puede prevenir y que se puede revertir. Porque las situaciones son dinámicas y se modifican a partir de intervenciones, que comienzan con la revisión responsable tanto de prácticas concretas, como de las concepciones que subyacen a esas prácticas.
Lo importante es estar atentos frente a cada situación, asumiendo la responsabilidad que nos corresponde como adultos, estableciendo y manteniendo una comunicación fluida con nuestros hijos, la institución donde concurren, y los profesionales correspondientes; entendiendo que las cosas no suceden porque sí ni son ajenas a nosotros, sino que podemos actuar sobre ellas para modificarlas.
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