Delimitando los límites
(Lic. Luciana C. Fernández - Cs. de la Educación)
Uno suele relacionar la puesta de límites con el reto, la privación de algo lindo, un castigo… Seguramente es una forma, pero hay otras que muestran más Afectiva y claramente lo que queremos expresar.
Limitar es contener. Es marcar un borde, habilitar un espacio, diferenciar…
Aunque no tomemos conciencia de esto, desde que un pequeño nace y lo tomamos en nuestros brazos estamos poniendo límites. Limitamos su contorno con nuestro abrazo, no permitimos que su cuerpito sin el tono muscular suficiente se “desarme”. Tomamos los recaudos necesarios para que no se sienta perdido cuando lo alzamos y su cabecita aún no logra sostenerse. Lo que hacemos es sostenerlo, contenerlo, diferenciarlo del resto del mundo, ayudarlo a tomar conciencia de sí mismo.
A medida que va creciendo, también va creciendo la cantidad de cosas que el niño necesita que se le limiten. Siempre es importante poner límites y sostenerlos. Pero con el tiempo van creciendo las posibilidades del pequeño, las cosas que va logrando hacer sólo; y esto no es acompañado con la conciencia que puede tener de discernir entre lo que corresponde y lo que no, lo que está bien y lo que está mal, lo que puede ponerlo en riesgo y lo que es seguro para su integridad.
Acá es donde cobra importancia nuestra posibilidad de expresarle el sentido del límite. Para esto tenemos que tener bien claro qué es lo que queremos que entienda, qué es lo que estamos intentando decirle con un “no”, qué es lo que sí puede. Y sobre todo tenemos que tener bien presente que un límite no es un reto ni un castigo, sino un cuidado.
Algo a tener en cuenta: siempre que decimos “no” a algo, podemos habilitar otras cosas que sí se pueden. De esta manera podemos lograr una mejor aceptación del límite, una negociación que evite frustraciones innecesarias y un diálogo que nos permita conocernos y aprender juntos.
 

Se agradecerá citar la fuente al utilizar este material.

Powered by FerozoSiteProvided by Dattatec