Devenir del Sujeto vs. rótulos
(Lic. Luciana C. Fernández - Cs. de la Educación)
El ser humano se va “haciendo” sujeto en su devenir. Digo sujeto en tanto no somos un objeto, sino que nos vamos constituyendo en un constante y permanente movimiento caracterizado por el desarrollo biológico, los vínculos sociales y vivencias individuales que nos van marcando y conformando como seres únicos.
En este acontecer, los sujetos vamos haciendo historia; vivenciamos los hechos de modos particulares, transitamos momentos diferentes. Estos vaivenes devienen en determinados deseos, temores, modos defensivos, normas, sufrimientos, que se traducen en diferentes posibilidades.
Si nos pensamos desde este lugar, sería interesante preguntarnos qué pasa cuando nos encontramos frente a un niño (un sujeto) que se muestra con conductas inesperadas, diferentes, “raras”…
Muchos, rápidamente nombran, clasifican o rotulan la dificultad que despliega ese pequeño. Enuncian una categoría descriptiva que cataloga y encasilla, privando a ese sujeto de identidad e historia; lo encierran en un cuadro estático que conlleva soluciones o tratamientos estandarizados y universales; lo estigmatizan y vuelven un simple objeto acabado y definitivo.
Yo, por el contrario, me pregunto el porqué, ¿por qué esa persona no puede concentrarse?, ¿por qué le va mal en la escuela?, ¿por qué tiene dificultades para vincularse con otros?, ¿por qué se porta mal? Pienso a las personas como sujetos que atraviesan situaciones particulares, a las cuales responden desde sus posibilidades.
Los más chicos, nuestros hijos (sobrinos, nietos, hijos de amigos… infantes en general), se manifiestan con los recursos que tienen a su alcance. Nos hablan, nos dicen y se comunican como pueden: con juegos, dibujos, palabras, actitudes, hechos. Y es a partir de estas manifestaciones que podemos darnos cuenta de la existencia de un conflicto, aunque a veces no lleguemos a comprenderlo. Podemos percibir que hay sufrimiento, porque de eso se trata cuando aparecen dificultades.
Nuestro deber como adultos es escucharlos, no diagnosticar una patología; detectar que algo les está pasando, no rotular o encuadrar. Debemos pensarlos, mirarlos, tratarlos, ubicarlos como sujetos… sujetos en constante devenir. Pensar la situación desde este lugar es reconocer el conflicto y al otro como diferente, con sus necesidades y deseos, con posibilidades de superar dificultades a partir de un camino que le será propio, que irá transitando y construyendo con la ayuda adecuada.

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