Lic. Luciana C. Fernández
Diferencia que enriquece...
(Lic. Luciana C. Fernández - Cs. de la Educación)
Nadie educa a nadie, nadie se educa a sí mismo, los hombres se educan entre sí, mediatizados por el mundo...
Paulo Freire (Brasil, 1921 - 1997)
Pensando en las características que definen a una buena institución educativa, alguna vez dije que esperaba una propuesta pedagógica adecuada, y profesionales que trabajaran con afecto. Pero hubo una que, si bien puede leerse entre líneas, me quedó sin mencionar explícitamente…
Creo que una buena institución educativa es aquella que responde a todas las necesidades educativas de todos sus alumnos. Con esto quiero decir que, por un lado, debe incluir a todos más allá de sus condiciones; y a su vez, debe ofrecer los recursos necesarios para responder a las características individuales de cada uno.
¿Quién no tiene necesidades? Y pensando en la escuela, ¿quién no tuvo alguna vez, por ejemplo, la necesidad de que alguien lo ayude a pensar o piense con uno?
Todos necesitamos, en algún momento de nuestra vida, algún tipo de “ayuda”. Puede ser una necesidad temporal o permanente, puede aparecer a simple vista o ser invisible a los ojos, y tiene la particularidad de ser “particular”; es decir, no todos necesitamos las mismas ayudas en el mismo momento.
Solemos escuchar “teorizaciones” sobre el aprender y el enseñar, opiniones que se convierten en “verdades” y se naturalizan como tales con el pasar de los años… Les propongo una afirmación que sí tiene fundamento científico:
“El aprendizaje es de naturaleza social”
L. S. Vigotsky (Rusia, 1896-1934), quien hizo grandes aportes teóricos en Psicología y en Pedagogía, afirmaba que los niños pueden hacer, con ayuda de otros, mucho más de lo que pueden hacer solos. El grupo de compañeros proporciona el entorno educativo en donde tiene lugar el aprendizaje, se produce la socialización y se forjan las amistades.
Si lo pensamos de esta manera, las necesidades enriquecen... porque todos necesitamos del otro para aprender, para crecer, para socializarnos, para fortalecer nuestra singularidad a través de las ayudas que podamos ofrecer a nuestros pares, y enriquecer nuestros valores al recibir lo que el otro tiene para ofrecernos.
Todos somos seres únicos, diferentes, irrepetibles… en eso somos todos iguales.
Una buena escuela, entonces, es aquella que les da a mis hijos la oportunidad de ayudar y ser ayudados cuando así lo necesiten, que suponga la diversidad como riqueza colectiva, que los forme como personas pensantes, libres y respetuosas de los demás, donde se valore el ser sobre el tener, el compartir sobre el competir, lo colectivo sobre lo individual.
La razón más importante para sostener una educación que incluya a todos no se basa sólo en la ley (el derecho a una educación de calidad), ni tan siquiera en la pedagogía (una enseñanza adecuada), sino sobre unos valores que nos encaminen hacia el tipo de sociedad que deseamos.
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